Cuento de Senegal

Hace mucho tiempo, estaban bañándose en el río las madres de la Luna y el Sol junto a sus hijos. El Sol tuvo una actitud pudorosa, y prefirió no mirar desnuda a su progenitora en ningún momento. La Luna, sin embargo, no tuvo ningún problema en mirar directamente el cuerpo de la suya.

Después de salir del baño, su madre le dijo al astro rey: “Hijo mío, me has respetado. Tu mirada no se ha fijado en mí mientras me bañaba desnuda y, por ello, desde ahora, ningún ser vivo podrá mirarte a ti directamente”.

Ya en la orilla, la madre del astro de la noche le dijo: “Hija mía, Me has mirado fijamente mientras me bañaba, en contra de mi pudor, por ello, a partir de ahora, todos los seres de la tierra te podrán observar sin reparos.

Y desde entonces el Sol es el objeto más brillante del firmamento, y nadie puede mirarlo directamente. Y desde entonces, la Luna es el objeto más brillante de la noche, pero todos la miran.